Llegada a Niza y comienzo del viaje hacia el este de la Costa Azul.
La primera parada es en Mónaco, donde el viajero entra en contacto con el lado más sofisticado de la Riviera. Montecarlo, su famoso casino y el puerto repleto de yates crean una imagen icónica, mientras que el casco antiguo aporta un contraste más tranquilo y panorámico.
La jornada continúa hacia Mentón, una de las localidades con más encanto de la región. Sus casas en tonos pastel frente al mar y su ambiente relajado ofrecen una versión más auténtica y pausada de la Riviera.
Regreso a Niza al final del día.
El día comienza con la visita a Èze, un espectacular pueblo medieval situado en lo alto de un acantilado. Sus callejuelas empedradas y sus vistas abiertas al Mediterráneo lo convierten en uno de los puntos más impresionantes del viaje.
A continuación, descenso hacia Villefranche-sur-Mer, cuya bahía, una de las más bonitas de la Riviera, invita a disfrutar de un almuerzo frente al mar en un entorno tranquilo y muy fotogénico.
Por la tarde, paseo por la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat, un enclave elegante y natural que combina senderos costeros, villas históricas y paisajes mediterráneos.
Regreso a Niza.
Salida hacia Cannes, símbolo del glamour de la Costa Azul. Un paseo por La Croisette permite descubrir hoteles emblemáticos, boutiques de lujo y el Palacio de Festivales.
Desde el puerto, se puede tomar un barco hacia las Îles de Lérins, un entorno natural de gran belleza donde el ritmo cambia por completo. Aquí predominan los pinares, las aguas cristalinas y una atmósfera tranquila que contrasta con el ambiente de Cannes.
Regreso a Niza por la tarde.
El día se dedica a descubrir Antibes, una de las localidades con más carácter de la Riviera. Su casco antiguo amurallado, con vistas directas al mar, combina historia, mercados provenzales y una vida local muy auténtica.
A pocos minutos se encuentra Juan-les-Pins, que ofrece un ambiente más moderno y relajado, con playas de arena, paseo marítimo y un aire más vacacional.
Regreso a Niza.
Último día dedicado al interior de la región.
Primera parada en Grasse, donde el viajero descubre la tradición perfumera de la zona en un entorno más rural y auténtico.
Continuación hacia Saint-Paul-de-Vence, uno de los pueblos más bellos de Francia. Sus calles empedradas, llenas de galerías de arte y pequeñas plazas, crean un ambiente único y muy inspirador.
Regreso a Niza para disfrutar de la última noche.
Salida temprano hacia el aeropuerto de Niza para tomar el vuelo de regreso a Oporto.