Partimos desde Madrid hacia la capital colombiana. Tras aterrizar y realizar los trámites de llegada, un traslado privado (opcional) nos lleva al alojamiento. Si el horario lo permite, damos un primer paseo por la ciudad y cenamos en un restaurante que combina sabores tradicionales andinos con un toque contemporáneo.
Comenzamos el día en el Mercado de Paloquemao, descubriendo frutas exóticas, flores y platos típicos. Después subimos al cerro Monserrate para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. La tarde queda libre para visitar el Museo del Oro, el Museo Botero o pasear por el centro histórico. Por la noche, Bogotá nos invita a disfrutar de su faceta cultural y gastronómica.
Volamos a Neiva y desde allí nos trasladamos al desierto de la Tatacoa, un paisaje de cañones rojizos y silencio infinito. Por la tarde realizamos una caminata entre sus formaciones y, si el cielo está despejado, participamos en una observación astronómica.
Viajamos por carretera hacia San Agustín, con la posibilidad de parar en Villavieja o visitar una finca de cacao artesanal. Nos alojamos en una finca rústica con vistas a las montañas. La tarde es perfecta para descansar y disfrutar de la calma andina.
Dedicamos el día al Parque Arqueológico de San Agustín, Patrimonio de la Humanidad, explorando estatuas de piedra, tumbas ceremoniales y fuentes rituales. Por la tarde, opcionalmente, podemos hacer un paseo a caballo o visitar una comunidad local.
Iniciamos el recorrido hacia el Eje Cafetero, entre montañas y plantaciones. Nos alojamos en una auténtica finca cafetera, donde la calma, la naturaleza y la vida rural marcan el ritmo.
Acompañamos a campesinos en la cosecha, selección y tostado del café. Participamos en todo el proceso, aprendiendo de quienes viven de esta tradición. La tarde se disfruta en hamaca, contemplando el atardecer entre cafetales.
Visitamos Salento, con sus calles coloridas y artesanía local. Después nos dirigimos al Valle de Cocora, caminando entre las majestuosas palmas de cera. Regresamos a la finca para una cena casera.
Conocemos un pueblo cafetero menos turístico: Filandia, con su mirador y su arquitectura, o Pijao, donde la vida transcurre sin prisa. Compartimos tiempo con locales y descubrimos otra cara de Colombia.
Volamos hacia la costa y nos trasladamos a Palomino, un lugar entre el mar Caribe, el río y la selva. Nos alojamos en un ecohotel cerca de la playa.
Descendemos el río Palomino en flotador o kayak, o visitamos una comunidad indígena Kogui o Wiwa para conocer sus tradiciones y cosmovisión. La tarde es para descansar frente al mar.
Podemos realizar una excursión al Parque Tayrona, caminando entre selva y playa hasta lugares como Cabo San Juan o La Piscina, o disfrutar de un día libre en Palomino.
Traslado al aeropuerto de Santa Marta para volar a Bogotá y conectar con el vuelo internacional a Madrid, cerrando así un viaje lleno de contrastes y emociones.